En 1957, en algún momento del rodaje de Los vampiros (I Vampiri), Riccardo Freda, uno de los directores de género más prolíficos de Italia, discutió con los productores y se fue. Quedaban dos días de rodaje pagos y una película a medio hacer. El director de fotografía tomó las riendas, reescribió parte del guion, rellenó el metraje con material de archivo y titulares de diario girando en pantalla, y entregó la película terminada en cuarenta y ocho horas. No pidió crédito y no se lo dieron. Se llamaba Mario Bava, tenía cuarenta y tres años, y ese fue el primer largometraje de terror sonoro que se hizo en Italia.

Dos años después la historia se repitió. Freda abandonó el rodaje de Caltiki, el monstruo inmortal (Caltiki, il mostro immortale) y Bava lo terminó otra vez. Freda contó después que se había ido a propósito, para que su amigo pudiera lucirse delante del productor. Funcionó: el productor Lionello Santi le ofreció a Bava elegir el proyecto que quisiera.

Bava eligió una historia de brujas basada muy libremente en un cuento de Gógol, y la filmó en blanco y negro con una lógica de pintor, que era lo que había sido antes de entrar al cine. Había aprendido el oficio al lado de su padre, Eugenio Bava, que había fotografiado Quo Vadis en 1913 y trabajado en los efectos de Cabiria. Mario llevaba veinte años haciendo fotografía para otros, Roberto Rossellini, Jacques Tourneur, Raoul Walsh, antes de que le dejaran elegir. Tenía cuarenta y seis años cuando se estrenó La máscara del demonio (La maschera del demonio, 1960).

La máscara del demonio y sus ocho años de prohibición

La película empieza con una máscara de púas que un verdugo clava a martillazos en la cara de una bruja condenada. En 1961 eso era demasiado para la censura británica, que directamente se negó a certificarla y la mantuvo prohibida durante ocho años. Cuando finalmente se estrenó en 1968 fue recortada y con otro título; la versión íntegra no llegó al Reino Unido hasta 1992. En Estados Unidos, AIP le cortó unos minutos de sangre, reemplazó la música y la estrenó igual. Se convirtió en la película más taquillera que el estudio había lanzado en sus primeros cinco años. En Italia, mientras tanto, la crítica la despachó sin interés, mientras que en Francia y Estados Unidos la descubrieron enseguida.

Tres años después del debut, Bava filmó Las tres caras del miedo (I tre volti della paura, 1963), una película de terror en tres episodios protagonizada por Boris Karloff. En Birmingham, una banda que ensayaba frente a un cine donde se pasaba ese film buscaba nombre nuevo. Geezer Butler se quedó pensando en lo raro que era que la gente pagara plata para asustarse. Con Ozzy Osbourne escribió una canción llamada "Black Sabbath" y después se quedaron con ese título para la banda entera. El heavy metal empieza, de manera bastante literal, en la marquesina de un cine que pasaba a Mario Bava.

El inventor del giallo

En 1963 filmó también La muchacha que sabía demasiado (La ragazza che sapeva troppo), donde una turista estadounidense presencia un asesinato en Roma y nadie le cree. Los historiadores la señalan como el primer giallo, el subgénero que toma su nombre de las tapas amarillas con que Mondadori publicaba novelas policiales desde 1929. Al año siguiente vino Seis mujeres para el asesino (6 donne per l'assassino, 1964), y ahí la fórmula quedó cerrada para siempre: un asesino enmascarado con gabardina y guantes de cuero negro que mata modelos en una casa de moda, filmado en Technicolor con colores que no existen en la naturaleza. Todo el giallo posterior sale de ahí. Dario Argento, su heredero más directo, escribió que ningún otro cineasta italiano tenía las habilidades visuales de Bava.

Del giallo sale el slasher norteamericano. En Bahía de sangre (Ecologia del delitto, 1971), Bava encadena trece asesinatos alrededor de una disputa por una herencia, y dos de esas muertes reaparecen casi plano por plano en Martes 13 (Friday the 13th, 1980): la lanza que atraviesa a dos amantes en la cama, el machete en la cara. Los responsables de esa producción afirmaron no haber visto la película de Bava, aunque cualquiera que mire las dos escenas juntas puede sacar sus conclusiones.

Mario Bava en 1975. Foto: Wikimedia Commons
Mario Bava en 1975. Foto: Wikimedia Commons

Lo que Ridley Scott no vio

Terror en el espacio (Terrore nello spazio en italiano, Planet of the Vampires en inglés, 1965) arranca con dos naves que aterrizan en un planeta desconocido después de captar una señal de socorro. Se rodó con doscientos mil dólares. Los tripulantes que mueren se levantan poseídos por los habitantes incorpóreos del lugar, y en algún momento encuentran, dentro de una nave estrellada, el esqueleto gigante de un alienígena muerto hace siglos.

Catorce años después se estrenó Alien, el octavo pasajero (Alien, 1979), de Ridley Scott. Señal de socorro, planeta inhóspito, nave estrellada, esqueleto gigante. Scott siempre sostuvo que no había visto la película de Bava. El guionista Dan O'Bannon lo negó también durante años, hasta que lo puso por escrito: "Robé el esqueleto gigante de Planet of the Vampires". Y agregó la frase por la que se lo recuerda: "No robé Alien de nadie. Robé Alien de todos".

Bava murió en Roma en 1980, a los sesenta y cinco años. La crítica italiana nunca lo tomó en serio: hacía cine de género, con presupuestos ridículos, para un público que iba a asustarse un rato. La reivindicación llegó después y vino de los directores que lo habían visto de chicos. Tarantino lo cuenta entre los cinco cineastas que fueron sus héroes. Tim Burton dice que Sleepy Hollow (1999) es su homenaje a La máscara del demonio. Coppola le copió la carroza entre la niebla para Drácula de Bram Stoker (Bram Stoker's Dracula, 1992). Scorsese escribió la introducción a su biografía: "Bava no era un gran narrador, pero no tenía que serlo. Usaba luz, sombra, color, sonido, movimiento y textura para llevar a sus espectadores hacia una especie de sueño colectivo".

Sus 12 películas en el catálogo

De sus 25 largometrajes, 12 están disponibles en Filmoteca Clásica: La muerte viene del espacio (La morte viene dallo spazio, 1958), La batalla de Maratón (La battaglia di Maratona, 1959), Esther y el rey (Esther and the King, 1960), La máscara del demonio (La maschera del demonio, 1960), Seis mujeres para el asesino (6 donne per l'assassino, 1964), Terror en el espacio (Terrore nello spazio, 1965), Los cuchillos del vengador (I coltelli del vendicatore, 1966), Un hacha para la luna de miel (Il rosso segno della follia, 1970), Cinco muñecas para la luna de agosto (5 bambole per la luna d'agosto, 1970), Bahía de sangre (Ecologia del delitto, 1971), El Diablo se lleva los muertos (Lisa e il diavolo, 1973) y Semáforo rojo (Cani arrabbiati, 1974).